Impresiones de nuestras practicantes alemanas tras terminar su voluntariado
Todo empezó con una buseta viejita, desvencijada, llena de estudiantes animados que nos saludaron a grito pelado. La buseta nos llevó por el bonito valle del Cauca con sus cañaverales, sus bosques de guadua y el panorama deslumbrador de la cordillera central, pasando por el nuevo estadio de futbol del Deportivo Cali, al final por una carretera sin asfaltar lleno de baches a una pequeña finca que ya lleva sus años, ero a la cual la feliz pintura zapote le había prestado nueva vida.
Días llenos de risas cordiales y abrazos cariñosos, grandes desafíos, nuevas experiencias, momentos contemplativos, acontecimientos sorpresivos que hacen de a cada día algo especial no permitieron dejar aparecer la monotonía de una rutina diaria – eso es lo que vivimos en nuestro tiempo pasado en Tarapacá.
Aparte de cosas triviales como la preparación de patacones y jugos colombianos, y el cambio de ropa aprendimos durante nuestro año voluntario social en la Granja cosas importantes como la flexibilidad, la improvisación y la habilidad de alegrarse de éxitos pequeños:
Cuando en agricultura Juan Camilo se sienta voluntariamente y de su propio impulso empieza a arrancar la mala hierba; cuando a María Camila en la clase de tambores le vencen las ganas de bailar y brinca moviendo su cadera al ritmo de reguetón por el salón; cuando a la pregunta ¿Que es que más te gustó en el día de hoy?, Nicolás contesta suavemente „Sophie“; cuando Maria Cristina se acuerda sin ayuda de nuestros nombres – ¡esos son los apogeos pequeños de nuestra vida diaria de trabajo !
Dificultades iniciales de comprensión y comunicación tampoco presentaron obstáculos grandes, pues en la convivencia social de la Granja que vive de su variedad de caracteres no importa ni apariencia ni aparición sino el „Yo“. Cada uno representa un enriquecimiento para la gran familia tarapaqueña y fuimos recibidas con mucha paciencia y tolerancia. Los padres, los maestros y las practicantes trabajan con alma y esfuerzos para este pequeño y contemplativo idílico que es Tarapacá.
Pero para no ocultar el capítulo oscuro de la Granja: la harmonía casi perfecta que envuelve la pedagogía Waldorf a Tarapacá como una manta de energías positivas tejida por si mismo, solamente se empaña por la lucha enconada que desde viejos tiempos divide a Cali en dos campos futbolísticos enemistados: ¿Cali o América?
Sophie y Anna
Tarapacá – ein soziales Jahr im Paradies
Alles begann mit einem in die Jahre gekommenen, klappernden Kleinbus, voller lebhafter Schueler, die uns lauthals begruessten. Dieser brachte uns durch das schoene Cauca-Tal mit seinen Cañafeldern, Bambuswaeldchen und seinem atemberaubenden Andenpanorama, vorbei am brandneuen Fussballstadion des Clubs „El Cali“, zuletzt uber eine holprige Schotterstrasse zu einem kleinen, in die Jahre gekommenen Landhaus, dem der froehlich orangefarbene Anstrich neues Leben verliehen hatte.
Tage voller Lachen und festen Umarmungen, grosser Herausforderungen, neuer Erfahrungen, besinnlicher Momente und ueberraschender Ereignisse, die jeden Tag aufs Neue zu etwas Besonderem machen und langweiligen Alltagstrott gar nicht erst zulassen – das praegte unsere Zeit in Tarapacá.
Neben trivialen Dingen wie der Zubereitung von Patacones und kolumbianischen Fruchtsaeften und dem Wechseln von Kleidung , gehoeren Flexibilitaet, Improvisation und die Faehigkeit sich ueber kleine Erfolge zu freuen zu den wichtigsten Dingen, die wir in unserem freiwilligem sozialen Jahr in der Granja gelernt haben: Wenn Juan Camilo sich in Agricultura freiwillig hinsetzt und aus eigenem Impuls beginnt, Gras auszurupfen; wenn Maria Camila in der Percussionstunde die Tanzlust ueberkommt und mit wildem Hueftschwung und lautem Reggaetongesang durch den Raum huepft; wenn Nicolás bei der Retrospectiva auf die Frage, was ihm an diesem Tag am besten gefallen habe, mit einem leisen „Sophie“ antwortet; wenn Maria Cristina sich morgends ohne Hilfe an unsere Namen erinnert – das sind die kleinen Hoehepunkte unseres Arbeitsalltags!
Auch anfaengliche Kommunikationsschwierigkeiten stellten keine grosse Huerde dar, denn im gemeinschaftlichen Zusammenleben in der Granja, das von seiner Individuenvielfalt an Charakteren lebt, zaehlen nicht Aeusserlichkeiten und Auftreten, sondern das „Yo“. Jeder Einzelne stellt eine Bereicherung fuer die grosse Familie Tarapacás dar und wird mit viel Geduld und Toleranz aufgenommen. Eltern, Lehrer und Praktikanten arbeiten mit aufopferungsvollem Einsatz und Herzblut an der kleinen, beschaulichen Waldorfidylle Tarapacá.
Doch um das schwarze Kapitel der Granja nicht unerwaehnt zu lasse; die fast vollkommene Harmonie, die die Granja einhuellt wie eine selbstgestrickte Waldorfdecke aus positiven Energien, wird nur getruebt durch den erbitterten Kampf, der Cali – und Tarpacá–seit alten Zeiten in zwei verfeindete Fussballlager teilt: Cali oder América?
Sophie und Anna








